Después de 11 horas de tren, por fin llegamos a Chengdu, una de las ciudades más fascinantes de China y capital de la provincia de Sichuan.
El viaje había sido largo, pero las ganas de descubrir una nueva ciudad podían más que el cansancio.

Y, como suele ocurrir en nuestros viajes, nuestra primera aventura comenzó mucho antes de llegar al hotel: ¡en el metro!

Nuestra primera aventura: el metro de Chengdu
Nada más llegar a la estación nos enfrentamos a nuestro primer reto: comprar los billetes de metro. Y aunque pueda parecer algo sencillo, cuando estás en un país donde no entiendes los caracteres y todo funciona de una manera diferente a la que estás acostumbrado, comprar un simple billete puede convertirse en toda una aventura.

Entre máquinas, mapas y dudas, conseguimos finalmente nuestros billetes y nos lanzamos a recorrer la ciudad bajo tierra. Eso sí, una cosa nos quedó clara desde el principio: el transporte público en Chengdu es muy barato y, además, los niños no pagan, algo que se agradece mucho cuando se viaja en familia.

Tras superar nuestro primer desafío del día, pusimos rumbo a nuestro alojamiento.

Nuestro hotel en Chengdu: Mercure
Llegamos al Mercure, nuestro hotel durante la estancia en Chengdu. Después de tantas horas de tren, la verdad es que encontrar una habitación cómoda donde descansar fue todo un alivio.

El hotel se encuentra en una zona muy bien situada para explorar la ciudad y moverse con facilidad por Chengdu, algo especialmente importante cuando tienes poco tiempo y quieres aprovechar cada minuto. Las instalaciones ofrecen todo lo necesario para una estancia cómoda, con habitaciones confortables y servicios pensados tanto para viajes de ocio como de negocios.

Después de dejar las maletas y descansar unos minutos, volvimos a ponernos en marcha. ¡Chengdu nos esperaba!

El monasterio de Wenshu: un remanso de paz
Nuestra primera visita fue al monasterio de Wenshu, uno de los templos budistas más importantes y conocidos de Chengdu.

Nada más entrar, el ambiente cambia por completo. El bullicio de la ciudad parece quedar atrás y nos encontramos rodeados de jardines, edificios tradicionales, incienso y una atmósfera de tranquilidad.

El monasterio es uno de los lugares budistas más destacados de la ciudad y cuenta con una larga historia. Sus patios y pabellones, construidos siguiendo la arquitectura tradicional china, invitan a pasear tranquilamente y observar cada detalle.

Nos llamó especialmente la atención la cantidad de personas que acudían al templo para rezar, encender incienso o simplemente disfrutar de este espacio de calma en medio de la gran ciudad.

Fue nuestra primera toma de contacto con la esencia más espiritual de Chengdu y, sin duda, una visita que merece mucho la pena.
Un paseo por el callejón de Kuanzhai
Sin duda el medio de transporte en Chengdu fue el metro.

Desde el monasterio nos dirigimos hacia otra de las zonas más populares de Chengdu: Kuanzhai Alley, también conocido como el Callejón de Kuanzhai.

Este lugar está formado por tres antiguos callejones: Kuan Alley, Zhai Alley y Jing Alley, que conservan parte de la arquitectura tradicional de la ciudad. Pasear por sus calles es como viajar atrás en el tiempo, aunque con una buena dosis de modernidad.

Aquí encontramos casas tradicionales, patios, tiendas, restaurantes y numerosos puestos donde probar algunos de los sabores típicos de Sichuan. Es un lugar perfecto para caminar sin prisa, curiosear entre las tiendas y disfrutar del ambiente.

A nosotros nos encantó la mezcla entre lo antiguo y lo moderno. En pocos metros puedes pasar de contemplar una construcción tradicional a encontrarte con una tienda moderna o un restaurante lleno de gente.

Y, por supuesto, no faltan los rincones perfectos para hacer fotografías.
People’s Park y el curioso mercado del matrimonio
Nuestra siguiente parada fue el People’s Park, uno de los parques más conocidos y queridos de Chengdu. Es un lugar donde los habitantes de la ciudad se reúnen para pasear, tomar té, bailar, cantar, jugar a las cartas o simplemente pasar el rato.

Pero si hay algo que nos llamó especialmente la atención fue el famoso mercado del matrimonio.

En una zona del parque es habitual encontrar a padres y familiares que buscan pareja para sus hijos solteros. Allí colocan carteles con información sobre ellos: edad, profesión, estudios y otros datos personales, con la esperanza de encontrar una posible pareja.

Para nosotros fue algo realmente curioso de ver, porque es una tradición que muestra una faceta muy diferente de la sociedad china y de la importancia que todavía tiene la familia en muchos aspectos de la vida.
Pasear por el parque y observar esta peculiar forma de buscar pareja fue, sin duda, una de esas experiencias que difícilmente olvidaríamos de nuestro viaje.

La magia de la Ópera de Sichuan
Y cuando pensábamos que el día no podía ser más completo, todavía nos quedaba una de las experiencias más especiales de nuestra visita a Chengdu: asistir a una representación de la Ópera de Sichuan.

Nos dirigimos al Teatro Shu Feng Ya Yun, uno de los lugares más conocidos de la ciudad para disfrutar de este espectáculo tradicional. Nosotros compramos las entradas en la misma ópera.

La Ópera de Sichuan es famosa por sus coloridos trajes, la música, el maquillaje y las diferentes artes escénicas que combina. Pero si hay algo que todo el mundo espera ver es el espectacular Bian Lian, el famoso arte del cambio de máscaras.

Y podemos decir que es realmente impresionante.
Durante la actuación, los intérpretes cambian de máscara en cuestión de segundos, realizando movimientos rápidos y precisos que dejan al público completamente sorprendido. Es uno de esos momentos en los que te quedas mirando intentando descubrir cómo lo hacen, pero es prácticamente imposible.

Además del Bian Lian, el espectáculo incluye música tradicional, danza, acrobacias y otras representaciones propias de la cultura de Sichuan.
Fue una experiencia fantástica y una de esas actividades que recomendamos hacer si visitáis Chengdu. Después de todo un día recorriendo la ciudad, sentarnos a disfrutar del espectáculo fue la mejor manera de terminar nuestra jornada cultural. Y con el broche final de disfrazarnos.

Una cena vegetariana para terminar el día
Y, como no podía ser de otra manera, entre una visita y otra también hubo tiempo para disfrutar de la gastronomía.
Esa noche optamos por una comida vegetariana, una opción que nos permitió descubrir nuevos sabores y disfrutar de algunos de los ingredientes y preparaciones típicas de la cocina china.

La gastronomía de Sichuan es conocida en todo el mundo por sus sabores intensos y, especialmente, por el uso de la pimienta de Sichuan, que produce ese característico efecto de hormigueo en la boca. Sin embargo, también existen muchas opciones vegetarianas que permiten disfrutar de la variedad de la cocina local.

Con el estómago lleno y después de un día realmente intenso, llegó el momento de regresar al hotel.
Buenas noches, Chengdu
Ya era de noche cuando volvimos al Mercure. Estábamos cansados, pero también felices por todo lo que habíamos podido conocer en un solo día.

Habíamos llegado a Chengdu después de 11 horas de tren y, en apenas unas horas, habíamos descubierto templos budistas, callejones tradicionales, parques llenos de vida, una curiosa tradición relacionada con el matrimonio, la espectacular Ópera de Sichuan y el sorprendente arte del Bian Lian.
Chengdu nos había recibido con los brazos abiertos y nos había dejado claro que es una ciudad llena de contrastes: tradición y modernidad, espiritualidad y bullicio, historia y cultura.
Ahora sí, tocaba descansar. Mañana nos esperaba una nueva aventura… y, por supuesto, ¡más rincones de China por descubrir!