Día 6. Cómo visitar el Gran Buda de Leshan: guía completa, entradas, precios y el Oriental Buddha Capital: un tesoro escondido junto al Gran Buda de Leshan.

Nuestro segundo día en la provincia de Sichuan comenzó temprano. Después de desayunar, dejamos el hotel en Chengdu (Mercure Hotel)

y pusimos rumbo a uno de los lugares más impresionantes de toda China: el Gran Buda de Leshan, la estatua de Buda tallada en piedra más grande del mundo y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Era una de las visitas que más ilusión nos hacía durante nuestro viaje y, una vez allí, entendimos perfectamente por qué está considerada como una de las grandes maravillas del país.

Cogimos un Didi hasta la estación de tren.

En la estación de tren compramos directamente en taquilla nuestro billete para Leshan.

Inciso, varias de las cosas que no puedes meter en la estación de tren, alguna es obvia, jejejej y lo del tirachinas curioso.

LLegamos a la estación de tren de Leshan y hasta el Gran Buda cogemos otro Didi.

El Gran Buda de Leshan: la estatua de piedra más grande del mundo.

El Gran Buda de Leshan se encuentra en la ciudad de Leshan, a unos 140 kilómetros de Chengdu, en la provincia de Sichuan. La estatua fue esculpida directamente sobre un acantilado durante la dinastía Tang y representa al Buda Maitreya sentado.

Con sus 71 metros de altura, sigue siendo la estatua de Buda tallada en roca más grande del planeta. Solo el dedo de una de sus manos mide más de ocho metros y sus hombros alcanzan los 28 metros de ancho. Contemplar sus enormes dimensiones en persona impresiona muchísimo más que cualquier fotografía.

La figura domina la confluencia de los ríos Min, Qingyi y Dadu. Según la tradición, el monje Hai Tong impulsó su construcción con la esperanza de calmar las peligrosas corrientes que provocaban numerosos accidentes entre las embarcaciones que navegaban por la zona.

Cómo visitar el Gran Buda de Leshan

Algo que conviene saber antes de organizar la visita es que el complejo cuenta con dos zonas diferentes, cada una con su propia entrada.

La primera corresponde al parque escénico, desde donde se accede a los senderos que permiten contemplar el Buda desde distintos miradores, recorrer los templos del recinto y, si el aforo lo permite, bajar por la estrecha escalinata excavada en la roca hasta situarse a los pies de la estatua. Esta es la visita más completa y la que recomendamos para apreciar realmente la magnitud del monumento.

Dentro del parque pero con una entrada diferente esta el Oriental Buddha Capital: un tesoro escondido junto al Gran Buda de Leshan.

La segunda entrada permite acceder a la zona del embarcadero, desde donde salen los barcos turísticos que navegan por el río para contemplar el Buda desde el agua. Esta perspectiva ofrece una vista frontal espectacular y resulta especialmente recomendable cuando hay mucha afluencia de visitantes y la bajada por la escalinata está cerrada temporalmente. En nuestro caso por la situación del río, estaba completamente desbordado, no hicimos esta excursión.

Precio de las entradas

El acceso al recinto se paga por separado según la experiencia elegida.

  • Entrada al Parque Escénico del Gran Buda de Leshan: alrededor de 80 yuanes por persona.
  • Entrada al Oriental Buddha Capital cuesta aproximadamente 80 yuanes por persona, y se compra por separado de la del Gran Buda de Leshan.
  • Paseo en barco para ver el Buda desde el río: aproximadamente 70 yuanes por persona.

Los niños pagan la mitad.

Servicios para los visitantes

Uno de los aspectos que más nos gustó es que el recinto está muy bien preparado para recibir visitantes.

En la entrada encontramos taquillas donde dejar el equipaje, algo muy práctico para quienes, como nosotros, continúan el viaje hacia otro destino sin pasar por el hotel. Poder recorrer el complejo sin cargar con las maletas hace que la visita sea mucho más cómoda.

Además, el parque dispone de aseos, zonas de descanso, tiendas de recuerdos y varios puntos donde comprar comida y bebida.

Nuestra experiencia

Nosotros visitamos el recinto escénico del Gran Buda de Leshan (乐山大佛景区) y el Oriental Buddha Capital.

Accedimos por la Puerta Norte (North Gate) y empezamos la visita por el Oriental Buddha Capital.

Es la entrada principal para la mayoría de visitantes. Aquí encontrarás:

  • Taquillas para dejar el equipaje.
  • Venta de entradas.
  • Parquing.
  • El gran mapa del recinto al que es recomendable que le hagas una fotografía para ubicarte dentro del parque.

Luego tienes carteles como este por todo el parque:

Oriental Buddha Capital: un tesoro escondido junto al Gran Buda de Leshan

Antes de visitar el famoso Gran Buda de Leshan, decidimos recorrer una zona mucho menos conocida por los turistas: la Oriental Buddha Capital (东方佛都).

Hay que tener en cuenta que no está incluida en la entrada principal del Gran Buda, por lo que es necesario comprar un billete independiente. Aunque muchos visitantes pasan de largo, para nosotros fue todo un acierto, ya que ofrece una experiencia completamente diferente y mucho más tranquila.

Nada más entrar accedimos a una gigantesca gruta donde se alza el Buda Maitreya de pie, una impresionante escultura de 48 metros de altura excavada directamente en la roca. Verlo desde los pies, con la tenue iluminación de la cueva y el silencio que la rodea, es una de esas imágenes que se quedan grabadas para siempre. Es difícil imaginar que un lugar así sea todavía un gran desconocido para muchos viajeros que visitan Leshan

Aunque no alcanza los 71 metros del Gran Buda de Leshan, verlo desde la base es una experiencia muy impactante porque la cueva envuelve completamente la escultura. Alrededor del buda hay varias escenaas excavadas en la roca. Podemos ver a Maitreya, el Buda del futuro, una figura muy importante en el budismo. Según la tradición budista, Maitreya aparecerá en la Tierra cuando las enseñanzas de Buda hayan desaparecido para volver a transmitir el Dharma a la humanidad.

De ahí pasamos a la inmensa cueva donde se encuentra un gigantesco Buda sentado, excavado directamente en la roca. La estatua, de unos 38 metros de altura, representa a Buda Shakyamuni, el Buda histórico, y reproduce el estilo de las grandes esculturas rupestres de la antigua China.

La iluminación tenue, el enorme espacio excavado y el silencio que se respira hacen que la visita tenga un ambiente muy especial. Desde la base de la estatua resulta casi imposible abarcarla con la vista, y solo cuando aparecen personas en la fotografía se aprecia realmente su enorme tamaño.

Tras abandonar la cueva del gran Buda se llega a una de las salas más llamativas de todo el recorrido. En el centro se alza una monumental escultura del Rey Celestial Vajrapani (金刚力士), uno de los guardianes protectores del budismo. Su aspecto contrasta completamente con la serenidad del Buda anterior: aparece con una expresión enérgica, sosteniendo un arma y simbolizando la fuerza necesaria para proteger las enseñanzas de Buda del mal y de la ignorancia.

A ambos lados del pasillo, excavadas en la propia roca, se encuentran decenas de figuras de monjes, discípulos y guardianes que parecen observar al visitante mientras avanza por la galería. La simetría del conjunto, la textura de la piedra y la escasa iluminación crean una atmósfera casi cinematográfica.

Fue uno de los rincones que más nos sorprendió del Oriental Buddha Capital. A lo largo del paseo aparecen cientos de imágenes de Buda talladas en la piedra, algunas de pequeño tamaño y otras realmente impresionantes.

Uno de los grandes atractivos del recinto es que reúne miles de esculturas budistas inspiradas en diferentes estilos y épocas de la historia de China, convirtiéndose en una especie de museo al aire libre dedicado al arte budista.

Durante la visita se atraviesan cuevas excavadas en la roca, pequeños templos, pasillos estrechos entre acantilados y escalinatas que conducen a nuevas salas llenas de figuras. La sensación es la de estar explorando un lugar casi secreto, muy diferente del ambiente más concurrido del Gran Buda.

Después de recorrer las cuevas y las impresionantes esculturas excavadas en la roca, el camino desemboca en una amplia plaza presidida por una enorme flor de loto: la plaza del loto y el Gran Buda Reclinado

El loto tiene un profundo significado dentro del budismo. Simboliza la pureza, la iluminación y la capacidad de elevarse por encima de las dificultades. Igual que la flor nace del barro y florece limpia sobre el agua, representa el camino hacia el despertar espiritual.

Frente a la plaza comienza una larga escalinata de más de un centenar de peldaños que conduce hasta la parte superior del recinto. A ambos lados, la vegetación envuelve completamente el paisaje, dando la sensación de encontrarse en un auténtico santuario escondido entre las montañas.

Al subir los escalones aparece la parte superior de una gigantesca estatua de Buda. Desde este punto solo pueden verse la cabeza y el torso, pero la realidad es mucho más sorprendente.

Es muy imprsesionante subir estas escaleras y ver desde cerca la escultura.

Al salir de la gran cueva del Buda, el recorrido continúa por otra impresionante gruta donde la protagonista es Guanyin, la diosa o bodhisattva de la compasión.

Lo primero que llama la atención son sus innumerables brazos, que se despliegan como un abanico detrás de la figura principal. Según la tradición budista, Guanyin posee mil brazos y mil ojos para poder ver el sufrimiento de todos los seres y acudir en ayuda de quien lo necesita. Cada mano representa la capacidad de ofrecer ayuda en cualquier lugar del mundo.

A sus lados aparecen otras figuras de bodhisattvas y discípulos, mientras que frente al altar cientos de cintas rojas, dejadas por los fieles, contienen deseos, oraciones y peticiones de buena fortuna.

Tras dejar atrás la impresionante Guanyin de los Mil Brazos, el sendero sale nuevamente al exterior y nos regaló una de las vistas más inesperadas de toda la visita.

Entre la vegetación apareció la enorme cabeza del Buda que habíamos contemplado unos minutos antes desde el interior de la montaña.

Desde este mirador se comprende mucho mejor cómo fue excavada la escultura directamente en la roca. La cabeza emerge de la ladera como si formara parte de la propia montaña, rodeada por árboles, lianas y plantas que le dan un aspecto casi mágico.

Fue curioso comprobar cómo una misma estatua puede transmitir sensaciones completamente distintas según el lugar desde el que se observe. Dentro de la cueva impresiona por su altura y por la inmensidad del espacio excavado; desde el exterior, en cambio, parece fundirse con la naturaleza, como si hubiera permanecido allí desde siempre.

Nos quedamos unos minutos contemplándola en silencio antes de continuar el recorrido hacia el siguiente tramo del complejo.

Uno de los rincones más curiosos del Oriental Buddha Capital es el Gran Buda Reclinado, una monumental escultura excavada directamente en la ladera de la montaña.

A diferencia del famoso Gran Buda de Leshan, que impresiona desde el primer instante por sus 71 metros de altura, el Buda Reclinado pasa casi desapercibido si no sabes dónde mirar. La vegetación y el propio relieve esconden gran parte de la talla, de manera que solo desde ciertos miradores se aprecia su enorme silueta.

La escultura alcanza unos 170 metros de longitud, lo que la convierte en una de las representaciones de Buda reclinado más grandes de China. En lugar de sobresalir de la montaña, los escultores aprovecharon la propia roca para dar forma al cuerpo de Buda, consiguiendo que la obra y el paisaje formen un único conjunto.

Esta imagen representa el momento del Parinirvana, el instante en el que Shakyamuni, el Buda histórico, abandona definitivamente el mundo terrenal tras alcanzar la iluminación completa. En el arte budista, las representaciones reclinadas no simbolizan la muerte en un sentido occidental, sino la entrada en el estado de liberación absoluta, libre del ciclo de nacimiento, muerte y reencarnación.

Lo más llamativo es que el cuerpo no está esculpido como una figura tridimensional independiente. Los diferentes volúmenes de la montaña forman la cabeza, el pecho, el abdomen y las piernas, de manera que la naturaleza se convierte en parte de la propia escultura. Desde lejos cuesta distinguir sus formas, pero una vez alguien te señala dónde comienza la cabeza y cómo continúa el cuerpo, la imagen aparece con claridad ante tus ojos.

Terminamos de ver el Oriental Buddha Capital y entramos al Parque Escénico del Gran Buda de Leshan.

Y vimos de cerca a El Gran Buda de Leshan.

Sin duda, la gran joya del recinto.

Fue construido entre los años 713 y 803, durante la dinastía Tang, por iniciativa del monje Hai Tong.

Algunos datos impresionantes:

  • 71 metros de altura.
  • Cabeza de casi 15 metros.
  • Más de 1.000 rizos tallados en el cabello.
  • Orejas de unos 7 metros.
  • El dedo de la mano mide más de 8 metros.

Lo más sorprendente es que fue esculpido directamente sobre el acantilado. Antes de bajar hasta los pies del Buda se llega a un mirador situado junto a su cabeza.

Desde aquí puedes apreciar:

  • La inmensidad de la escultura.
  • La unión de los tres ríos.
  • Las montañas que rodean Leshan.

Es el lugar donde suelen hacerse las primeras fotografías.

La escalera excavada en la roca (Nine Bends Plank Road) estaba CERRADA…Probablemente sea la parte más espectacular del recorrido. Se trata de una escalera muy estrecha excavada en el acantilado que desciende junto al cuerpo del Buda. Debido a la fuerte crecida del río lo cerraron por precaución.

Acto seguido visitamos el Templo Lingyun (Lingyun Temple)

Fue construido mucho antes de que se tallara el Gran Buda y es uno de los templos budistas más importantes de la montaña Lingyun.

Visitamos la pagoda Lingbao, que fue construida durante la Dinastía Tang.

¿Cuánto tiempo se necesita?

Una visita tranquila suele requerir:

  • Recinto principal: 2,5-3 horas.
  • Oriental Buddha Capital: 2,5-3 horas adicionales.
  • Total recomendando visitar ambos: unas 5 – 6 horas. Nosotros estuvimos 7 horas y hubiesemos estado más.

Nuestro consejo

Si vais desde Chengdu y después continuáis hacia Emei Shan, como hicimos nosotros, lo ideal es empezar la visita temprano para evitar las horas de mayor afluencia. Al terminar, podéis tomar el tren hacia Emei Shan para pasar la noche y comenzar al día siguiente la ascensión al Monte Emei. Es una combinación perfecta para descubrir dos de los grandes tesoros Patrimonio de la Humanidad de la provincia de Sichuan.

Rumbo a Emei Shan

Tras finalizar la visita regresamos a la estación para tomar un tren con destino a Emei Shan, nuestra siguiente parada del viaje.

La ciudad es conocida por ser la puerta de entrada al Monte Emei, una de las cuatro montañas sagradas del budismo en China y otro de los lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Después de instalarnos en el hotel, aprovechamos la tarde para relajarnos en una de las cosas más famosas de la zona: sus aguas termales. Después de varios días intensos de viaje, fue el mejor plan para descansar las piernas y recuperar fuerzas antes de la excursión del día siguiente.

Mientras disfrutábamos del baño ya pensábamos en lo que nos esperaba a la mañana siguiente.

Y cenamos en un sitio súper guay al lado del hotel.

El despertador sonaría muy temprano porque nuestro siguiente objetivo sería ascender al Monte Emei, uno de los lugares más espectaculares y espirituales de toda China.

Pero esa será la próxima aventura…

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