Día 7 en China: cómo visitar el Monte Emei y Dujiangyan

Nuestro séptimo día de viaje por China comenzó antes de que saliera el sol. Dejábamos atrás nuestro hotel en Emei Shan con un objetivo muy especial: visitar el Monte Emei (峨眉山), una de las cuatro montañas sagradas del budismo chino y uno de los lugares más espectaculares de la provincia de Sichuan, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Nuestro plan inicial: dormir en un monasterio del Monte Emei

Cuando empezamos a preparar este viaje teníamos una idea muy clara: pasar una noche en alguno de los monasterios repartidos por la montaña para vivir la experiencia completa. Sin embargo, al final tuvimos que renunciar a ese plan por falta de días.

Si disponéis de más tiempo, os recomendamos hacerlo, ya que es una de las experiencias más auténticas que ofrece el Monte Emei. En este artículo sobre el trekking del Monte Emei encontrarás las diferentes rutas para recorrer la montaña a pie y también información sobre los monasterios donde se puede dormir durante la ascensión. https://www.chengdutourguide.com/mt-emei-hiking?utm_source=chatgpt.com

Cómo visitar el Monte Emei

Con una altitud de 3.099 metros, el Monte Emei es la montaña más alta de las cuatro montañas sagradas del budismo chino y desde hace siglos recibe a peregrinos que recorren sus senderos entre bosques, templos y monasterios.

Existen varias formas de visitar el parque:

  • Ascender completamente a pie, una opción que requiere varios días.
  • Dormir en los monasterios repartidos por la montaña mientras se realiza el trekking.
  • Combinar autobús, teleférico y caminatas, que fue la opción que elegimos nosotros.

Para aprovechar al máximo el día, madrugamos muchísimo. Fuimos a comprar las entradas del parque.

Información práctica

  • Ubicación: Emeishan, provincia de Sichuan.
  • Altitud máxima: 3.099 metros.
  • Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: desde 1996.
  • Entrada:
    • Temporada alta (16 enero – 14 diciembre): 160 ¥
    • Temporada baja (15 diciembre – 15 enero): 110 ¥
  • Autobús turístico hasta Leidongping: aprox. 90 ¥.
  • Teleférico de Jinding: 65 ¥ subida y 55 ¥ bajada.

Desde la entrada del parque tomamos el autobús que asciende por la montaña hasta la zona de Leidongping, desde donde caminamos hasta la estación del teleférico que nos llevaría a la parte más alta del Monte Emei. Hay muchísima gente, está muy bien señalizado, son escaleras y está lleno de tiendas para comprar comida.

Y cogemos el teleférico.

Al salir del teleférico, un sendero conduce hasta una amplia explanada donde se encuentra el impresionante Templo Huazang (Huazang Temple), el monasterio más importante de la cumbre. El templo actual ha sido reconstruido en varias ocasiones, pero continúa siendo uno de los grandes centros de peregrinación del budismo chino.

El gran protagonista del lugar es la espectacular estatua dorada de Samantabhadra (Puxian Bodhisattva), el bodhisattva al que está consagrado el Monte Emei. La escultura, de unos 48 metros de altura, representa a Samantabhadra sentado sobre un majestuoso elefante de seis colmillos, un símbolo de la sabiduría, la práctica espiritual y la compasión en el budismo.

El Templo Huazang (Huazang Temple, 华藏寺) es mucho más que el edificio que acompaña a la gran estatua dorada. De hecho, cuando llegas a la Cumbre Dorada sorprende por sus enormes dimensiones. No es un templo aislado, sino un gran complejo de edificios, patios y salas de oración que ocupa buena parte de la plataforma superior del Monte Emei.

El templo está dedicado a Samantabhadra (Puxian), el bodhisattva de la sabiduría y la práctica budista, considerado el protector espiritual del Monte Emei. El complejo actual es relativamente moderno, ya que fue reconstruido tras varios incendios y ampliado para acoger a los miles de peregrinos que llegan cada año, aunque el origen del templo se remonta a hace más de mil años.

En el centro se encuentra la gran sala principal, donde numerosos fieles entran para encender incienso, realizar ofrendas y rezar ante las imágenes de Buda. El ambiente es muy tranquilo y, a pesar de la cantidad de visitantes, sigue conservando ese aire de lugar sagrado.

Los patios son enormes y permiten contemplar la estatua de Samantabhadra desde diferentes ángulos. Además, desde los miradores situados alrededor del templo se obtienen algunas de las mejores vistas de toda la montaña. Cuando el cielo está despejado pueden verse decenas de cumbres extendiéndose hasta el horizonte, mientras que en los días de niebla el templo parece flotar sobre un mar de nubes, creando una estampa difícil de olvidar.

Una de las cosas que más nos gustó fue precisamente esa mezcla entre espiritualidad y grandiosidad. Mientras unos visitantes se hacían fotografías con la inmensa estatua dorada, otros permanecían en silencio rezando o haciendo sonar las campanas del templo. Es un lugar donde conviven el turismo y la tradición budista de una forma muy natural.

Después de disfrutar de la cima y de sus templos, decidimos realizar el descenso caminando por la montaña, una forma perfecta de descubrir el entorno con mucha más tranquilidad y disfrutar del ambiente espiritual que se respira en este lugar.

Pasamos por uno de los monasterios dónde queríamos dormir y menos mal que finalmente no decidimos hacerlo ya que no era posible dormir allí.

Llegamos a pie a Leidongping dónde cogemos el autobus.

Tras finalizar nuestra visita al Monte Emei regresamos al hotel, recogemos las cosas y nos vamos en Didi a a la estación para tomar un tren con destino a Dujiangyan, una ciudad que llevábamos mucho tiempo deseando conocer.

Rumbo a Dujiangyan

Nada más llegar empezamos a descubrir una de sus señas de identidad: los pandas están por todas partes. Esculturas, murales, rotondas, tiendas, parques… toda la ciudad rinde homenaje al animal más famoso de China, creando un ambiente muy simpático desde el primer momento.

Aprovechamos la tarde para visitar el Sistema de Irrigación de Dujiangyan, una impresionante obra de ingeniería construida hace más de 2.200 años que sigue funcionando en la actualidad. Este ingenioso sistema hidráulico permitió controlar las crecidas del río Min y transformar la región de Sichuan en una de las zonas agrícolas más fértiles del país, motivo por el que también fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Pasear por los puentes colgantes, los templos y los senderos que rodean el sistema de irrigación fue la mejor forma de terminar un día cargado de historia, naturaleza y cultura.

Vemos osos por todos los lados.

La aventura continúa…

Pero si este día ya había sido espectacular, lo mejor aún estaba por llegar.

Al día siguiente por fin cumpliríamos uno de los sueños del viaje y visitaríamos uno de los lugares más esperados por todos: el centro de conservación donde conoceríamos de cerca a los adorables osos panda gigantes y a los todavía más difíciles de ver osos panda rojos.

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