Nuestro noveno día en China comenzaba muy temprano. A las 7:30 de la mañana cogimos un minibús rumbo a Xinduqiao, dejando atrás Kangding para adentrarnos poco a poco en una de las carreteras más espectaculares de Sichuan: la famosa Carretera Nacional 318 (G318).

Habíamos llegado hasta aquí precisamente para descubrir el oeste de Sichuan por nuestra cuenta y, aunque ya sabíamos que moverse por esta zona no iba a ser tan sencillo como hacerlo por Chengdu o Leshan, queríamos intentarlo.
Y la verdad es que no fue fácil, pero se puede hacer.
De Kangding a Xinduqiao en minibús
Nuestro alojamiento en Xinduqiao estaba situado justo al lado de la estación desde donde salían los minibuses, así que la elección fue bastante práctica. Llegamos, dejamos nuestras cosas y nos pusimos a buscar información sobre cómo continuar nuestro viaje por la zona.

Fue entonces cuando descubrimos algo que nos habría venido muy bien saber antes de llegar.
Había otra estación de autobuses desde donde salían autobuses grandes y más cómodos, pero para utilizarlos era necesario comprar el billete con antelación, normalmente el día anterior y de forma presencial o a través de WeChat. Para quienes no dominamos el sistema de transporte chino, conseguir esta información sobre la marcha no resulta precisamente sencillo.

Por eso, la mayoría de viajeros que recorren esta zona optan por hacerlo con una agencia, contratando un conductor privado o alquilando un coche.
Nosotros decidimos seguir viajando por libre.
Y aunque en algunos momentos nos costó bastante organizarnos, también fue parte de la aventura.
En nuestro caso, el minibús resultó ser todo un acierto. Nos permitió avanzar hasta Xinduqiao sin complicarnos demasiado y, además, disfrutar de una carretera que ya desde los primeros kilómetros nos dejó con la boca abierta.

Xinduqiao: la puerta de entrada al oeste de Sichuan
Xinduqiao es una pequeña localidad situada en el territorio de Kangding y se ha convertido en una de las grandes paradas de cualquier ruta por el oeste de Sichuan. El minibus nos dejó en una pequeña estación de minibuses y taxis.

No esperéis encontrar una gran ciudad ni monumentos espectaculares. El verdadero atractivo de Xinduqiao está en sus paisajes y su gente. Empezamos con el contacto con los monjes.

La localidad se encuentra rodeada de montañas, praderas, ríos, pueblos tibetanos y enormes extensiones de terreno donde aparecen pequeñas casas tradicionales, yaks y monasterios. Por eso se la conoce también como un auténtico paraíso para los fotógrafos.
Y llegamos a nuestro hotel dónde no había nadie….

Dejamos las cosas en recepción y nos fuimos a ver una estupa y un templo que estaban en lo alto del pueblo.

La verdad que nos encantó llegar a este templo.

Desde aquí parten algunas de las excursiones más espectaculares de la zona, entre ellas las que llevan hasta Yuzixi, uno de los mejores lugares para contemplar las montañas nevadas de Sichuan.
Y precisamente ese era nuestro objetivo para aquella tarde.
Nuestro plan: llegar hasta Yuzixi
Desde que empezamos a preparar esta parte del viaje tenía una cosa bastante clara: quería ver el atardecer desde Yuzixi.
El problema era cómo llegar.
Yuzixi se encuentra a unos 4.200 metros de altitud, bastante por encima de Xinduqiao, y no existe un transporte público sencillo que te lleve directamente hasta allí. Lo habitual es contratar un coche con conductor o apuntarse a una excursión.
Nosotros, como siempre, decidimos improvisar.
Mientras buscábamos opciones conocimos a unos chicos que estaban recorriendo la G318 en bicicleta. Estaban haciendo una ruta espectacular por el oeste de Sichuan y, hablando con ellos, les contamos que queríamos subir a Yuzixi.
Nos dijeron que estaban alojados en un hostel y que allí tenían contacto con un conductor.
Así que allá que fuimos y les tuvimos que firmar su bandera.

Y lo que ocurrió después es una de esas pequeñas historias que hacen que viajar por libre merezca tanto la pena.
Una lavandería improvisada y un coche compartido
Llegamos al hostel y preguntamos por el conductor. Mientras esperábamos, descubrimos que tenían lavadora y, como llevábamos varios días viajando, preguntamos si podíamos hacer la colada.
La respuesta fue que sí. ¡Y además gratis!
Así que mientras nuestra ropa daba vueltas en la lavadora, terminamos compartiendo coche con los chicos que habíamos conocido. Ya que las lavadoras no son como las de aquí. Primero pones el agua tú con una manguera en un espacio. La ropa se lava y luego la cambias a otro espacio dónde se centrifuga.

Por la tarde iríamos juntos a las montañas.
Nos estuvieron contando el periplo de la ruta 318.

No habíamos reservado nada, no llevábamos una excursión organizada y, sinceramente, tampoco teníamos muy claro cómo iba a terminar la tarde, pero pasamos unas horas hablando de lo que sería.

Primera parada: comer y visitar el monasterio Juli
Antes de ir al mirador de Yuzixi, nos fuimos a comer y a visitar el monasterio Juli (Juli Si, 居里寺), un monasterio budista tibetano situado en los alrededores de Xinduqiao, dónde puedes ir andando.
La comida está muy rica en todos los sitios.

El monasterio pertenece a la tradición Gelug, una de las principales escuelas del budismo tibetano, y se encuentra en Juli Village. Su historia se remonta varios siglos atrás: originalmente se conocía como Rang Ti Monastery y posteriormente fue trasladado a su ubicación actual durante la dinastía Qing, en el siglo XVII.

Es un lugar bastante menos conocido que los grandes monasterios que visitaríamos posteriormente durante nuestro recorrido por Sichuan y, precisamente por eso, la visita resulta mucho más tranquila.

El complejo está rodeado por las montañas y conserva la arquitectura característica de los monasterios tibetanos, con edificios religiosos, patios y elementos decorativos llenos de color.

Además, Juli conserva un patrimonio religioso muy interesante. Entre sus tesoros se encuentran textos del Kangyur, la colección de escrituras budistas tibetanas, y antiguas pinturas murales.

Yuzixi: uno de los mejores miradores de Sichuan
Después de visitar el monasterio nos fuimos a la casa de nuestros amigos donde nos recogería el conductor.

Y el cambio de paisaje fue impresionante.
A medida que ganábamos altura, las montañas se hacían cada vez más grandes y el paisaje empezaba a adquirir ese aspecto que tantas veces habíamos visto en fotografías del oeste de Sichuan: praderas de alta montaña, picos nevados, nubes por debajo de nosotros y banderas de oración tibetanas ondeando con el viento.

Yuzixi se encuentra aproximadamente a 4.200 metros de altitud y se ha convertido en uno de los miradores más famosos de esta parte de Sichuan por sus vistas panorámicas de las grandes montañas de la región. Desde aquí pueden contemplarse, en días despejados, el Gongga Shan, el Yala Shan y otras grandes cumbres.

Pero nosotros no habíamos subido hasta allí solamente por las vistas.
Queríamos ver el atardecer.

El impresionante Gongga Shan
Y tuvimos muchísima suerte.
El cielo estaba bastante despejado y, frente a nosotros, apareció el enorme Gongga Shan, también conocido como Minya Konka.
Con sus 7.556 metros de altitud, es la montaña más alta de Sichuan y una de las grandes cumbres de China.
Nos quedamos prácticamente hipnotizados mirando la montaña.

El sol comenzó a descender lentamente y la luz fue cambiando de color. Primero iluminó las laderas, después empezó a teñir de naranja las zonas más altas y finalmente la nieve de la cumbre adquirió ese característico tono dorado que los fotógrafos conocen como “Golden Mountain” o Rizhao Jinshan.
Y entonces entendimos perfectamente por qué Yuzixi se ha convertido en uno de los lugares más buscados de Sichuan para contemplar el atardecer.

Solo estábamos allí, a más de 4.000 metros de altura, viendo cómo el sol desaparecía detrás de las montañas mientras el Gongga Shan permanecía iluminado frente a nosotros.
Fue, sin duda, uno de los paisajes más espectaculares que vimos durante nuestro viaje por China.
Viajar por libre por el oeste de Sichuan: ¿merece la pena?
Después de esta experiencia, podemos decir que sí, es posible recorrer el oeste de Sichuan por libre, aunque hay que tener bastante más paciencia y capacidad de improvisación que en otras zonas de China.
Los horarios de los autobuses no siempre son fáciles de encontrar, algunos billetes hay que comprarlos con antelación y muchas de las excursiones a lugares como Yuzixi requieren contratar transporte privado.
Pero también tiene una recompensa enorme.
Nosotros terminamos haciendo la excursión con unos viajeros que acabábamos de conocer, lavando nuestra ropa gratis en su hostel y compartiendo coche hasta uno de los miradores más espectaculares de la región.
Y esas son precisamente las historias que no aparecen en ningún itinerario organizado.
Habíamos llegado a Xinduqiao pensando que nuestro día terminaría tranquilamente en el hotel y acabamos viendo el atardecer frente al Gongga Shan.
Y todavía nos quedaban muchos kilómetros por recorrer por la región tibetana de Sichuan.