Nuestro décimo día en China comenzó a las seis de la mañana y, sinceramente, no empezó exactamente como habíamos planeado.
La noche anterior habíamos quedado con el mismo conductor que nos había llevado a Yuzixi. Habíamos hablado con él para que por la mañana nos recogiera y nos llevara hasta Litang, nuestra siguiente parada en la ruta por el oeste de Sichuan.
Así que nos levantamos temprano, recogimos nuestras cosas y nos preparamos para salir.

Pero, al mirar el móvil, nos encontramos con una sorpresa.
Tenía un mensaje suyo diciendo que al final no podía llevarnos.
Y claro, ahí estábamos nosotros, a las seis de la mañana, en Xinduqiao y sin tener ni idea de cómo íbamos a llegar hasta Litang. Con las mismas, salí corriendo hacia la estación donde el día anterior nos había dejado el minibús procedente de Kangding.
Nuestra idea era sencilla: preguntar si había algún minibús que fuera hasta Litang. Pero la respuesta fue un no rotundo. No había minibuses directos.
Volví al hotel y preguntamos a la chica de recepción. Ella intentó ayudarnos y preguntó a varios conductores, pero ninguno podía llevarnos hasta allí. Le pedí a la chica de recepción que nos escribiera “Litang” en chino en un papel.
No teníamos conductor, no había minibús y tampoco conocíamos a nadie más en la zona. Así que cogimos nuestras mochilas, bajamos a la carretera y decidimos hacer algo que no estaba previsto en nuestro itinerario: íbamos a intentar llegar a Litang haciendo autostop.
Nos colocamos junto a la carretera con nuestro pequeño cartel.
La idea era bastante sencilla: parar a alguien, enseñarle el papel con el nombre de Litang y cruzar los dedos.
Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando, prácticamente nada más levantar el cartel, una minivan se detuvo.
¡Iba hacia Litang!
Todavía no nos creíamos nuestra suerte.
Subimos con nuestras mochilas y, de repente, el problema que unas horas antes parecía imposible de resolver había desaparecido completamente.
Íbamos de camino a Litang.

Viajar por libre por el oeste de Sichuan puede ser complicado. Los transportes no siempre son fáciles de organizar, las aplicaciones chinas no siempre funcionan igual para los extranjeros y, en muchas ocasiones, no encuentras información clara hasta que estás allí.

Rumbo a Litang: cruzando algunos de los puertos de montaña más altos de Sichuan
El trayecto desde Xinduqiao hasta Litang fue una auténtica aventura.

A medida que avanzábamos hacia el oeste, el paisaje cambiaba completamente. Las montañas eran cada vez más grandes, las carreteras ascendían sin parar y poco a poco nos fuimos adentrando en los enormes paisajes de la meseta tibetana.

Durante el recorrido cruzamos varios puertos de montaña situados a más de 4.000 metros, algunos superando los 4.500 metros de altitud.

Bosques, valles y pequeños pueblos dejaron paso a enormes praderas de alta montaña, montañas desnudas y extensiones aparentemente infinitas.
Y por todas partes aparecían las primeras imágenes que ya empezaban a definir esta parte de nuestro viaje: banderas de oración tibetanas ondeando con el viento.

Litang, una de las ciudades más altas del mundo
Finalmente llegamos a Litang, situada a unos 4.014 metros de altitud.

Sí, habéis leído bien. Más de cuatro kilómetros por encima del nivel del mar. Y en las habtaciones hay máquinas de oxígeno por si las necesitas.

Litang es considerada una de las localidades situadas a mayor altitud del mundo y se encuentra incluso a unos 400 metros por encima de Lhasa. La ciudad forma parte de la Prefectura Autónoma Tibetana de Garzê, en el oeste de Sichuan, y está rodeada por grandes praderas y montañas nevadas.
Y la altitud se nota.

Nada más bajar de la minivan empezamos a caminar más despacio de lo habitual. Después de haber pasado los últimos días ascendiendo progresivamente desde Kangding y Xinduqiao, nuestro cuerpo ya estaba algo acostumbrado, pero 4.000 metros son 4.000 metros.
Aquí cualquier pequeño esfuerzo se nota.
Pero, al mismo tiempo, Litang nos recibió con uno de los ambientes más especiales de todo nuestro viaje.
Ya no estábamos simplemente visitando una zona con influencia tibetana.

Aquí la cultura tibetana estaba presente en todas partes: en la arquitectura, en la ropa de mucha gente, en los monasterios, en las banderas de oración y en la propia vida cotidiana de la ciudad.
El monasterio de Litang: Ganden Thubchen Choekorling
Nuestra primera gran visita en Litang fue el monasterio Ganden Thubchen Choekorling, también conocido simplemente como el Monasterio de Litang.

Es uno de los lugares más importantes de la ciudad y uno de los grandes centros del budismo tibetano de esta parte de Sichuan.

El monasterio pertenece a la escuela Gelug, conocida popularmente como la de los “sombreros amarillos”, y fue fundado en 1580 por iniciativa del tercer Dalái Lama. Su importancia religiosa fue enorme en la región de Kham y todavía hoy sigue siendo uno de los grandes referentes espirituales de Litang.
Nada más llegar nos llamó la atención su tamaño.

No era un pequeño templo escondido entre las montañas, sino un enorme complejo religioso formado por diferentes edificios, patios y salas de oración.
Pero, sobre todo, lo que más nos gustó fue el ambiente.
Había monjes, fieles y visitantes recorriendo el recinto. Algunas personas hacían girar los molinillos de oración mientras otras entraban en las salas para rezar y realizar sus ofrendas.

Después de los grandes monumentos y ciudades que habíamos visitado durante los primeros días del viaje, estar allí se sentía completamente diferente.
El monasterio no era un lugar creado para los turistas.
Era un lugar vivo.

Un lugar que seguía formando parte de la vida cotidiana de la comunidad tibetana de Litang.
El monasterio Rengo
Después continuamos nuestra ruta hasta el monasterio Rengo, otro de esos lugares que nos permitió seguir descubriendo la espiritualidad de esta región.

A nuestro alrededor aparecían paisajes de alta montaña y, como en muchos otros lugares del oeste de Sichuan, las banderas de oración llenaban el paisaje de color.
Azul, blanco, rojo, verde y amarillo.

Los cinco colores tradicionales aparecían atados entre postes, extendidos sobre las laderas o formando largas líneas que se movían constantemente con el viento.
Según la tradición budista tibetana, las banderas de oración llevan impresas oraciones y mantras, y el viento ayuda a extender simbólicamente sus bendiciones por el entorno.

Un mar de banderas de oración
Uno de los momentos que más recordamos de Litang fue precisamente encontrarnos rodeados de banderas de oración.
A cada paso parecía haber una nueva combinación de colores contra el paisaje de las montañas.
Con el cielo azul, las grandes praderas y las cumbres al fondo, la imagen era espectacular.
Y había algo casi hipnótico en quedarse unos minutos observando cómo se movían con el viento.

El Teatro de Litang
Antes de terminar nuestra visita también nos acercamos al Teatro de Litang, uno de los edificios más llamativos de la ciudad.

La arquitectura, inspirada en la estética tibetana, encaja perfectamente con el ambiente de la zona y es otro de esos lugares que ayudan a entender la importancia de la cultura local.

Litang es conocida por sus tradiciones, su cultura ecuestre y su fuerte identidad tibetana, y pasear por sus calles nos permitió descubrir una ciudad mucho más interesante de lo que inicialmente habíamos imaginado.

Porque, aunque para muchos viajeros Litang es simplemente una parada en la carretera entre dos grandes destinos del oeste de Sichuan, para nosotros terminó siendo mucho más que eso.

Fue uno de los lugares donde sentimos de verdad que nuestro viaje había entrado en una nueva dimensión.

Depues de un gran día, paseamos por la ciudad, donde vimos el monasterio dónde nació el gran buda.

Cenamos.

Paseamos por sus calles coloridas y a dormir.
